28/02/2010

Factoría de sueño

Texto de Eva Millet
Los cuatro hermanos Warner fundaron una pequeña sala de cine en Estados Unidos hace más de un siglo. Fue la semilla del que todavía es uno de los grandes estudios de Hollywood, Warner Bros., pionero del cine sonoro, artífice de clásicos como Casablanca y trampolín de diversas estrellas.

Rodaje de Quién teme a Virginia Wolf (1966), de Mike Nichols, con Liz Taylor y Richard Burton. Ella ganó su primer Oscar por esta interpretación

En marzo de 1944, la 16.ª ceremonia de los Oscar fue austera. Pocos meses antes del desembarco de Normandía, la Segunda Guerra Mundial seguía sin resolverse, y las restricciones de todo tipo continuaban. La Academia de Hollywood había pedido sobriedad a los asistentes a la gala más famosa del cine: ni vestidos largos, ni escotes, ni esmóquines. Casablanca, una película de la Warner Bros., muy en sintonía con los tiempos que corrían, consiguió tres de los premios más importantes: mejor director, mejor guión adaptado y mejor película.

Cuando el productor del filme, Hal Wallis, se levantó para recoger la estatuilla, se quedó de piedra al ver cómo Jack Warner, el presidente del estudio, se le adelantaba y aceptaba el premio. Wallis recordaría después cómo la familia Warner le bloqueó el paso desde su asiento hacia el pasillo, por lo que no tuvo más remedio que volver a sentarse. Poco después, y aunque la academia le mandó el Oscar días más tarde, el productor rompió la relación con el estudio con el que había hecho la que se considera una de las mejores películas jamás filmadas.

Este incidente, un reflejo del poder que llegaron a tener los grandes estudios de Hollywood, se explica en Grandes películas de Hollywood. Historia de la Warner Bros. (Ed. Blume), un libro que repasa, a través de películas y actores, la trayectoria del estudio que también lanzó a Rin-tin-tin y a Bugs Bunny. Fundado en 1918 por Sam, Jack, Harry y Albert Warner, cuatro hermanos de una familia judía de origen polaco, el estudio no siempre ha tenido relaciones tan tormentosas con sus directores y productores.

Uno de sus colaboradores más fieles, Clint Eastwood, llegó al estudio en 1971 para rodar Harry el sucio y, como él mismo explica en el prólogo del libro, “así comenzó una relación que perdura hasta hoy”, trufada por éxitos como Harry, Sin perdón y Million Dollar Baby. El actor y director destaca la sensación de historia viva que se respira cuando recorre las calles de la Warner, donde se conserva el que debe de ser el departamento de vestuario más completo del mundo: “Cientos de miles de trajes, todos perfectamente ordenados por épocas históricas, algunos acompañados de etiquetas cosidas a los forros que indican los nombres de Bogart, Cagney o Bette Davies y el primer uso del vestido”, escribe Eastwood.

FK (1991), de Oliver Stone, candidata a ocho Oscar y ganadora de tres.
Estos actores fueron algunas de las estrellas de un estudio que en 1927 abrió las puertas al cine sonoro con El cantor de jazz. La cinta fue premiada en la primera ceremonia de los Oscar en 1929: una cena para trescientas personas en el hotel Roosevelt, en la cual la sensación fue la primera película con diálogos sonoros de la historia. Una novedad que, según la academia, iba a revolucionar la industria.

Así fue. Todos se lanzaron a producir películas sonoras, y comenzó a forjarse el sistema de estudios que reinaría en Hollywood hasta los años 50 del siglo pasado. Cada empresa empezó a adquirir su estilo: la Metro Goldwyn Mayer significaba glamur y lujosas puestas en escenas, mientras que la Fox apostaba por la nostalgia y la exaltación de lo rural. Warner se consolidó como el estudio de la clase trabajadora, con una conciencia social clara, héroes torturados y muchos finales infelices.

Sus estrellas (como James Cagney, Edward G. Robinson e incluso Bogart y Davies) nunca fueron las más guapas, aunque Warner también lanzó a mitos como Errol Flynn, Marlon Brando, James Dean, Lauren Bacall y Warren Beatty. Con el lema de Harry Warner, “Los titulares de hoy son las películas de mañana”, se rodaron películas de gángsters y de guerra, dramas románticos, sociales y psicológicos (como Esplendor en la hierba, Gigante y Un tranvía llamado deseo).

Pero no se olvidaron los musicales (con Doris Day de protagonista), las comedias, las películas de aventuras (con los atléticos Errol Flynn y Burt Lancaster) ni las de terror, como la célebre El exorcista.

A lo largo de una historia tan dilatada, y pese a los cambios en la propiedad de la empresa, los Oscar en la Warner se han sucedido. Desde ese primero por El cantor de jazz y los premios a Casablanca, pasando por las estatuillas que consiguieron Un tranvía llamado deseo o Quién teme a Virginia Woolf, hasta los más recientes logrados por Clint Eastwood gracias a Mystic River y Million Dollar Baby.

Todos los hombres del presidente (1976), que tuvo ocho nominaciones y cuatro premios

Como en todo gran estudio de Hollywood, desde sus inicios se quiso atraer al talento, tanto en el campo de la intepretación como en el de los guionistas y la realización. Ernst Lubitsch fue el primer gran director contratado por Warner. Un autor fundamental al que se le añadieron otros nombres clave como Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick, Elia Kazan, Steven Spielberg y Oliver Stone.

El talento de muchos de ellos también ha sido premiado en la gala, cuya edición de este año se celebra el próximo 7 de marzo, aunque incomprensiblemente dos genios como Hitchcock y Kubrick (quien filmó casi todas sus películas con Warner Bros.), no consiguieron nunca un Oscar como mejores directores.

Casablanca

Rodaje de Casablanca (1944), que ganó tres Oscar (película, director y guión adaptado, aunque no el de Bogart como mejor actor: obtuvo el primero en 1953.
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